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sábado, 30 de mayo de 2009

TODA LUCHA EN LA VIDA TIENE SU RECOMPENSA...

Francisco Fonseca nació hace 25 años en el hospital Pablo de Anda en León, la temprana muerte de su hermano mayor marcó su infancia y el gusto familiar por el futbol encaminó su vida.
Hoy es una de las máximas figuras del balompié mexicano. Tiene dos ascensos a Primera División, ya fue campeón con los Pumas de la UNAM y busca coronarse bicampeón.


Una trayectoria envidiable en quien a los dos años de edad perdió a su hermano mayor, inició basando su juego en el empeño y no en la técnica, compartió mucho tiempo sus estudios con los entrenamientos y sólo soñó con la Selección Nacional.

“Y hoy está muy cerca del Mundial, estoy seguro de que llegará a Alemania 2006 como delantero titular de la Selección”, comenta Bernabé Velázquez, primer entrenador de este talento leonés.

> ¿AMERICANISTA?

Vecinos en la colonia Panorama, Omar Franco y Fonseca asistieron al mismo kinder, el “Jovita Medina”, y ahí mismo cursaron el inicio de la primaria.

“Éramos muy buenos amigos, sobre todo a Paco le gustaba jugar mucho, nos pasábamos toda la tarde jugando en su casa o pensando en travesuras”, recuerda Franco.

“Cuando teníamos como ocho años, llegamos de la escuela corriendo y luego luego nos pusimos a jugar a las luchitas; creo que era su cama o la de su papá, pero estábamos brinque y brinque y en un salto, que se cae la cama con todo y todo, nos morimos de la risa, todavía debemos la cama”.
Poco después el “Kikín” fue cambiado de escuela, terminó la primaria y secundaria en La Salle Peñitas, siempre pegado a un balón, aunque con una extraña afición por el América.


Precisamente su padre Francisco, propietario entonces de dos tortillerías y originario de Arandas, Jalisco, lamenta aquel americanismo con una franca sonrisa.

“No sé porqué le iba al América, pero lo importante es que le gustaba mucho el futbol, más de lo normal; muchas veces se quedaba solo en la calle jugando, mientras todos sus amigos ya estaban cansados”.

Probablemente entonces decidió tomar el apodo de “Kikín”, utilizado por su fallecido hermano, al que Paco siempre identificó como un ejemplo.

> prueba superada


Entre beisbol, baloncesto y futbol, Fonseca pasó su adolescencia en las canchas y esta costumbre se mantendría en la preparatoria de la UBAC.

Justamente en este lapso, a los 16 años, decidió por fin probarse en un equipo profesional, llevado de la mano de un primo suyo, Rosendo Hernández y del veterano esmeralda Jesús “Pollo” Venegas.

En aquel 1995 las fuerzas básicas del Club León usaban las canchas del Instituto Lux para sus juveniles.

“A Paco lo llevó un primo suyo para probarse, llegaron y me dijeron que lo viera, porque quería quedarse como futbolista”.

“De inmediato se le vieron cualidades, sobre todo un gran empeño, aunque técnicamente le faltaba mucho”, recuerda Bernabé Velázquez, entonces director de fuerzas básicas esmeraldas.
Siguieron meses de entrenamientos difíciles y largas jornadas, con Fonseca como medio derecho, alternando el estudio y el futbol.


Marco “El Cuate” Mendoza, compañero de escuela y equipo, recuerda aún la rutina de entonces, iniciada cuando “en la mañana llegábamos a entrenar al Lux o al Nou Camp, comíamos poquito y nos íbamos en camión a la prepa, en la Ruta 14, era nuestra jornada diaria, además de jugar el fin de semana”.

El espacio para divertirse era poco, pero se formó un animado grupo de jugadores-estudiantes.
“La verdad nos gustaba el relajo, pero siempre respetando muchas cosas, porque el deporte nos exigía disciplina”.


Entre taquerías y cafeterías se pasaban los pocos espacios libres, “eso sí, como no teníamos tiempo de ir a la casa a comer, éramos muy buenos para los tacos y las tortas”.
“Paco salió muy bueno pa’l taco, sobre todo nos gustaba comer en una fondita ahí cerca de la Prepa o irnos a los tacos de cabeza y al pastor”.


> a pulirlo

A la par de esta rutina, sus entrenadores pulían sus detalles técnicos, forjando además la fuerte mentalidad que hoy lo caracteriza.

Tras unos meses de trabajo, José de La Luz Rodríguez lo incorporó a los Esmeraldas de Tercera División.

“Llegó con muchas ganas, era un muchacho alto y eso le ayudaba como delantero, aunque también le gustaba mucho gambetear y jugar por la banda”, recuerda sonriente Velázquez.
Con goles se ganó un puesto titular, aunque en realidad aprovechaba un bajo porcentaje de las oportunidades ofensivas que creaba.


“Era muy bueno para burlar defensas, a veces se iba por toda la banda, se quitaba a todos y llegando con el portero, volaba la pelota o la entregaba o la mandaba al poste. Era increíble que fallara tanto a veces”.

Con este problema técnico, un año después se integró a la Segunda División.
> cuatro pasos


De aquellas temporadas, Bernabé recuerda cuatro momentos que marcaron el futuro del “Kikín”, iniciando con la corrección en definición.

“Cuando notamos que no anotaba mucho, lo mandamos a la banca un tiempo y eso le sirvió mucho; se pasó varias semanas como suplente y en lugar de enojarse, comenzó a quedarse una hora diaria practicando la definición”.

“Tiraba desde todos lados, cabeceaba o disparaba de lejos, se exigió mucho y ahora vemos los resultados”.

Pero como base de este esfuerzo, casi como el fondo común de cada partido, estaba la familia Fonseca, que “siempre lo impulsó a seguir”.

“Estoy seguro de que en algún momento Paco pudo pensar que era mejor seguir por otro lado, pero su familia lo impulsó a continuar luchando”, comenta el llamado “Profe Berna”.
“Tenían mucha esperanza en él, porque la muerte de su hermano fue un golpe tremendo y tenían toda su fe en este muchachito que soñaba con ser goleador”.


El tercer momento que Velázquez considera clave, se relaciona con la mentalidad.

“Alguna vez hablé con todos los muchachos sobre su futuro, les hablé de lo que querían y de lo que podían ser; recuerdo que les dije muy claro que el vino y el futbol no se llevan, que un buen jugador lucha siempre y que en realidad nunca se es suficientemente bueno”.

“Y digo que esa plática fue importante, porque el propio Paco me lo recuerda cada vez que me habla, sé que en eso basa su éxito”.

Con 18 años, el leonés estaba listo para dar un paso mayor, necesitaba una oportunidad y la tuvo en el Torneo Nacional Del Sol 1998, celebrado en Cuautla y donde anotó alrededor de diez veces.
“Ahí despegó, dejó de ser un juvenil y se convirtió en una promesa, porque lo llamaron por primera vez a la Selección Sub20 y mucha gente se fijó en él”.


> dos ascensos

Naturalmente que la primera opción para aprovechar su talento era el propio Club León, entonces ‘hermano mayor’ del Unión de Curtidores de Primera “A”.

Carlos Bracamontes dirigía a los Curtidores y decidió observar al entonces delgado delantero en acción.

“Lo llamé para varios partidos en la temporada, era un buen centro delantero y peleaba, me sorprendía ver que nunca se cansaba, que apretaba al portero rival aunque no debía hacerlo, era su forma de jugar”, apunta “Braca”.

“Pero teníamos a otros jugadores de más experiencia y tal vez todavía no era el momento para darle continuidad


lara_ver1978@hotmail.com

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