Luego de tomar las riendas del León, tras tener breves apariciones como accionista en los desaparecidos Leones Negros de la Universidad de Guadalajara, Valente Aguirre comenzó a relacionarse con la gente del futbol, ligándose a promotores y altos directivos que incluso lo llevaron a la palestra nacional, pues fue nombrado tesorero de la Femexfut, cargo que no pudo desempeñar por mucho tiempo.
Aguirre comenzó su carrera en este tema cuando le fue aprobada una moción para adquirir una franquicia de la división de ascenso, que poco a poco tomaba una mejor forma y presumía de una organización ejemplar.
Para el Invierno de 1997, Aguirre Meza logró armar un gran equipo de la mano del técnico Carlos Reinoso, que aglutinó figuras importantes para el León, que alcanzaría el superliderato y una Final que perdió con Cruz Azul.
Ese mismo torneo inició la empresa del llamado ‘Deportivo Curtidores’, con José Guadalupe Díaz al frente de jugadores que normalmente no estaban siendo considerados por Reinoso en el primer equipo.
De esta forma, una ‘camada’ que se forjó bajo la mirada de Mario ‘Capi’ Ayala surgió para escribir su propia historia, cobijada por elementos de experiencia que ya habían debutado en el máximo circuito y por supuesto, figuras venidas a menos o en el ocaso de su carrera.
Los nombres de Andrés Pérez, Daniel Alcántar, Víctor García Reza, Saúl Sánchez, Adrián Martínez, Jesús Mendoza, Ulises González, Daniel Bustamante, así como los chilenos Carlos Poblete, Eduardo Vilches, el argentino Christian Colusso y el francés Amara Simba, jugaron los primeros duelos del equipo curtidor, al que de manera automática los aficionados lo identificaron como su ‘Unión’, pese a que no podían utilizar el nombre ni la leyenda original de ‘Fundado en 1928’.
Los dos primeros torneos del Curtidores en la Primera División ‘A’ pasaron sin pena ni gloria, con pérdidas constantes en lo económico y un sinnúmero de cambios de día y fecha de sus partidos, pues para la directiva, encabezada por el empresario local Ismael Plascencia López, “salía más caro abrir el estadio” que lo que ingresaba por taquilla y esquilmos.
u Diseñados para
ascender
A Valente Aguirre nadie le quitaba de la cabeza la idea de que con buenos sueldos y un plantel plagado de gente de experiencia, a corto plazo tendría la posibilidad de disputar el ascenso.
Luego del fracaso con ‘Lupillo’ Díaz, Antonio Carbajal y Agustín Santillán, así como varios interinatos de Mario Ayala, Valente Aguirre finalmente encontró la fórmula para alcanzar su proyecto.
Para el Invierno de 1998, justo al cumplir un año, Curtidores se reforzó con jugadores costarricenses, en transacciones que se facilitaron por la relación empresarial de la familia Aguirre Meza en Centroamérica.
A la par de estar consolidando un auténtico ‘Boom’ con la llegada de jugadores de muy bajo costo, dueños de su carta, sin intermediarios, de sueldos no tan elevados pero con mucha hambre de triunfo, Valente Aguirre enfocó sus baterías al equipo de la división menor.
Justo cuando el León vivía de las primeras crisis que lo llevaron al tobogán del descenso, en la segunda mitad de 1998, aparecieron en el gusto de la afición leonesa los defensas ‘ticos’ Alexander Madrigal y Raymond Harris, el delantero Allan Oviedo y el brasileño Carlos Dias, subestimado en el América.
En la recta final de aquel torneo, luego de que cesó al ‘Pelón’ Santillán, Valente Aguirre decidió darle la oportunidad a su compadre y secretario técnico en el León, Carlos Bracamontes. Ahí terminó de cerrarse el primer círculo virtuoso.
El ‘Braca’ se quedó a un paso de clasificar a la zona de repesca pero su experiencia le valió para ir armando a su ‘equipo tipo’, para el Verano del 99.
Curtidores inició el torneo de ensueño con un resonante triunfo en Aguascalientes, anticipándose que en caso de clasificar a la fase final, Jaime Ordiales y Everaldo Begines, del León, serían refuerzos de carnet único.
La experiencia y el fogueo de muchos jugadores fueron vitales en la competencia, que dominó de punta a punta el cuadro de la franja.
Recibieron la oportunidad valores que en la actualidad brillan con luz propia. Curtidores sería simplemente irrepetible.
Además de Jesús Mendoza y Ulises González, tomaron parte Guillermo Maciel, Álvaro Ortiz, Francisco ‘Kikín’ Fonseca, Rafael Medina, Fabián Hernández, Omar Monjarás y Margarito González.
Fue de consolidación y crecimiento para Christian Patiño, Roberto Domínguez, Rafael Sandoval y Andrés Pérez.
“Más que un equipo se formó una auténtica familia, con jugadores muy comprometidos y que de inmediato lograron comprometerse con el proyecto, les gustó la idea de competir por algo, nunca sentirse relegados, esa fue una clave muy importante”, definió el técnico Carlos Bracamontes.
Un Ascenso con empujones y la venta a Puebla
Tras conquistar el ascenso, en una polémica Final con Yucatán, cuyas acciones habían sido adquiridas por el propio Valente Aguirre, Curtidores ni siquiera tocó como tal el máximo circuito.
En el plan de Valente Aguirre, encantado con el logro obtenido a base de la humildad y el esfuerzo de sus jugadores, se tenía trazado vender al León a empresarios poblanos, luego del descenso del equipo de aquella entidad.
El León 99 del draft en Ixtapa caló hondo en el ánimo de los aficionados, que convencieron a las autoridades con una mega marcha que el equipo que debería venderse era el recién ascendido Curtidores. Valente Aguirre aceptó a regañadientes.
Así, un montón de problemas se vinieron para los aún felices jugadores curtidores, pues en una triangulación con Roberto Zermeño, entonces directivo del Atlético San Francisco, el León que compitió para el Invierno del 99, fue un ‘híbrido’ que no funcionó, con muy pocos refuerzos pero principalmente con más decepciones para los aficionados.
Un Yucatán sin afición y La Piedad como alternativa
Valente, luego de deshacerse de sus dos equipos en una operación que rondó en conjunto los 20 millones de dólares, emprendió un nuevo proyecto con los Venados de Yucatán, a donde llevó a jugar a todos los elementos cuyas cartas seguían siendo de su propiedad.
Con José Luis Saldívar al timón, emigró a Mérida un 70 por ciento de jugadores extraídos de la cantera leonesa, entre los que destacaron los hermanos Gerardo y Antonio Barajas, y los ahora finalistas del futbol mexicano, Rafael Medina y Francisco Fonseca, teniendo como figura el extinto guardamenta costarricense Lester Morgan.
En el sureste el experimento no funcionó, pues la afición, decepcionada por la derrota en la Final de ascenso, abandonó a su suerte a un equipo que no contó con el cobijo de los medios de difusión ni mucho menos de la gente de la región.








