NUEVO LAREDO.- Quizás al ver a un técnico dentro del campo de juego dando gritos y haciendo aspavientos, uno piensa que es muy fácil estar en su lugar, inclusive se creen más capaces en hacer movimientos que él.
Pero nadie tiene idea de los sacrificios y las enseñanzas que trae cada uno de ellos con el paso de los años.
Por los Bravos de Nuevo Laredo han desfilado una gran cantidad de técnicos que no han podido darle los resultados esperados a la gran afición futbolera.
Para esta temporada el nuevo encargado de realizar el trabajo es un hombre entregado al deporte, y un enamorado del futbol.
Roberto de León, nació el 11 de mayo de 1963, en la Ciudad de México, siendo el último de ocho hermanos -cuatro varones y cuatro mujeres-. Vivió en un barrio de clase media baja donde disfrutó de una infancia feliz, siempre en compañía de sus amigos quienes le enseñaron el futbol.
Su padre falleció cuando tenía 12 años, y nunca perdió el apoyo de su madre que hoy tiene cerca de 90 años.
INICIOS
Sus inicios en el futbol se dan en la Fuerzas Básicas del Club América como defensa central, el equipo de su predilección hasta que llegó un golpe muy duro cuando fue corrido de mala manera por darle preferencia a jugadores recomendados.
Desde ese momento nunca ha vuelto a simpatizar con las Águilas.
“De joven el equipo de mis amores era el América, pero cuando estuve en Fuerzas Básicas me corrieron de muy mala forma llevándome una gran desilusión y ya nunca miré con buenos ojos al cuadro amarillo”, recordó De León.
Después estuvo en Reservas profesionales de los Pumas de la UNAM y del Puebla e hizo su debut en la Segunda División con el equipo Nuevo Necaxa. Después jugó en la Primera División con el Atlético Potosino para luego llegar al Tampico Madero, donde en 1991 luego de 14 años de carrera, tuvo que retirarse al practicarse dos operaciones en los huesos pequeños del pie izquierdo luego de detectarle cáncer.
LA BÚSQUEDA
Ahí regresa a la Ciudad de México donde toma el curso de director técnico, perteneciendo a la generación 1995-1997, para un año después entrar a trabajar con el Tecnológico de Monterrey Campus Toluca.
Inició como técnico en 1997 con el Texcoco de la Tercera División , estando con ellos por dos años.
En 1999 fue llamado por José Camacho, para trabajar como auxiliar en el equipo de la Piedad , teniendo en ese plantel a varios jugadores jóvenes como Francisco “Kikin”Fonseca, Margarito González, Rafael Medina y el costarricense Óscar Rojas.
“No hay palabras para explicar el ser campeón, necesitas sentirlo”.
Estuvo de auxiliar con el Tampico Madero ascendiendo a la Primera División A, para después pasar con el Tapatío de Segunda División y los Astros de Ciudad Juárez.
En el 2002 regresa como director técnico, del Tantoyuca, Veracruz, de la Segunda División , para luego llegar con el Tampico y Madero y la temporada pasada a Nuevo Laredo como asistente del mismo José Camacho, quedando él al mando de los Bravos en las últimas cinco jornadas tras la renuncia de aquél.
NUEVO RETO
Esa temporada tenía un gran compromiso al frente del cuadro fronterizo, impulsando más a la formación de jóvenes de la localidad, para que se vayan integrando al equipo de la Segunda.
El inicio fue titubeante con dos derrotas en las tres primeras jornadas, pero él sabía que era normal.
Sólo cuatro meses después cumplió el objetivo planteado desde inicio de temporada, que era llevar a la liguilla al cuadro neolaredense.
“Este logro es por un esfuerzo conjunto tanto de los muchachos, directiva y medios de comunicación que siempre estuvieron apoyando este proyecto y ahora tenemos el compromiso de seguir adelante”, comentó al final del juego del sábado frente al Atlético Lagunero.







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